Cuando la profesión busca otro sentido en tiempos de incertidumbre: una reflexión de 1983
- myriamcoplext
- hace 5 horas
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El artículo «Otro sentido a nuestra profesión» (1983) de José Antonio Martín Hernández reflexiona sobre el papel de la Educación Física en una sociedad marcada por la incertidumbre, el miedo y la desorientación. Frente a una visión meramente técnica, plantea su función como una práctica con capacidad para contribuir al equilibrio personal y social. Leído hoy, el texto recuerda que, en contextos complejos, la profesión no solo actúa sobre el cuerpo, sino que también responde a necesidades más profundas relacionadas con la adaptación, la convivencia y el sentido.
En el contexto actual, atravesado por una sensación de inestabilidad que a menudo se cuela en la conversación pública, en la vida cotidiana y también en la forma en que pensamos el futuro, resulta especialmente sugerente volver a algunos textos del archivo histórico de la Revista Española de Educación Física y Deportes. Uno de ellos es «Otro sentido a nuestra profesión», publicado en 1983 por José Antonio Martín Hernández, un artículo que, leído hoy, vuelve a activar preguntas que no resultan ajenas.

El autor escribe desde un tiempo marcado por el miedo, la provisionalidad y la percepción de amenaza. No lo hace de manera abstracta: habla de una sociedad tensionada psicológicamente, afectada por el fatalismo, el vacío existencial, la simplificación del pensamiento y hasta por la «fobia a las bombas atómicas», en una época en la que la posibilidad de una catástrofe global formaba parte del horizonte mental de muchas personas. Leído desde hoy, que vuelve a percibirse una inquietud difusa ante un mundo convulso, ese diagnóstico llama la atención por su capacidad para resonar más allá de su tiempo.

Es precisamente en ese marco donde Martín Hernández plantea que la Educación Física no puede entenderse solo como una tarea técnica orientada a «adiestrar o educar un cuerpo». Su propuesta va en otra dirección: otorgar a la profesión una función más amplia. No está reclamando que la Educación Física lo resuelva todo, pero sí que sea pensada como una práctica con capacidad para contribuir al equilibrio de las personas y a su mejor adaptación a entornos sociales complejos.
El artículo, además, no se queda en una reflexión genérica sobre el malestar social. Recurriendo a ideas vinculadas a José María Cagigal, sitúa la Educación Física en una visión integral de la persona: mejoramiento corporal, equilibrio personal, adaptación al medio físico e integración en el mundo social. Leído desde el presente, este planteamiento resulta especialmente valioso porque recuerda algo que a veces se diluye entre mensajes simplificados sobre actividad física: que el cuerpo no aparece aquí como una finalidad aislada, sino como una dimensión inseparable de la vida personal y social. Y esa es una idea que, cuarenta años después, sigue teniendo fuerza.
Quizá por eso este artículo merece ser recuperado hoy. No tanto porque ofrezca respuestas cerradas, sino porque muestra que en momentos de incertidumbre histórica la profesión también se ha preguntado por su razón de ser. Y esa pregunta sigue siendo relevante. Cuando el entorno se vuelve más inestable, cuando crecen la confusión o el desasosiego, vuelve a cobrar sentido pensar qué puede aportar una profesión como la nuestra más allá de sus tareas más visibles.
No se trata, por tanto, de mirar atrás con nostalgia. Se trata de reconocer que algunas de las preguntas que hoy siguen abiertas ya fueron formuladas hace décadas, en un lenguaje distinto y desde otro contexto, pero con una inquietud de fondo que no resulta tan lejana. Volver a este texto de 1983 permite comprobar que la reflexión sobre el sentido de la profesión no es un añadido retórico, sino una parte constitutiva de su desarrollo.
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Puedes leer el artículo completo de Juan Porras Castillo
en el archivo histórico de la REEFD:
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